lunes, 10 de noviembre de 2014

Sierra Baja. El descenso.


Habíamos estado dando un paseo por Sierra Baja -que está allá arribota del todo-
en la Sierra de Ubrique. Un paseo que llega a quedarse pequeño ante tanta inmensidad.
Lo agreste de tal mole caliza, desaparecía...



cuando después de la subida a Sierra Baja, nos encontrábamos con esta increíble
 altiplanicie -setecientas hectáreas con vaquitas y todo, como en Covadonga.
Deambulando por tan altos lares reflexionábamos sobre las costumbres
depredadoras a la que se ve sometida, la que debería ser "sierra intocable"...



y más cuando mirando al suelo, vemos restos de una de las actividades más viles y
lamentables de los animales humanos... ¡La muerte de seres vivos por pura diversión!
Pocos animales libres se ven en la zona... pájaros, buitres y para de contar.



De vez en cuando se ve el rastro del escarbadero de algún conejo.
Pero si le meten un tiro porque por lo visto eso es lo que se merecen...



las madrigueras terminan cogiendo telarañas. Por ello, como matar hay que matar
 a la fuerza y no hay mucho a lo que disparar,  los matadores han recreado...



madrigueras con majanos de piedra y otros inventos destinados a crear vida
para eliminarla. Es una"buena filosofía"... ¡Si es un ser vivo, hay que matarlo!



No estarían mejor los pobres e indefensos animales, correteando y saltando por
esta maravilla que nos regaló tan cerquita -recordar que no hay que ir a Asturias-
 la Gran Madre Tierra. Incluso -¿Quién sabe?- se podría recuperar el equilibrio perdido.
Soñar es gratis y cuesta mucho menos que otras actividades más destructivas.
Antes del descenso, que ya se estaba echando la tarde encima, decidimos...



echar un vistazo más y nos encaramamos en uno de los montículos pétreos
de los aledaños. Dos sorpresas al menos, nos esperaban.



Una vez sobre la atalaya, pudimos distinguir el corta fuegos por el que nos habíamos
adentrado a esta increíble maravilla, oculta a los ojos desde nuestro querido pueblo.
Y abajo, en una dolina cuajada de nogales, unas construcciones.



Por un lado pudimos ver una monería en la llanura: la Casa Refugio.



Delante de ella una de esas maravillas de reserva de agua que pueblan estos lares...
Una recién restaurada aljibe -la única manera de aprovisionar el líquido elemento
en este calizo medio tan permeable. Y delante,
 los tradicionales nogales que dan nombre a este enclave privilegiado.



Todo el conjunto se centra en una de las dolinas que salpican estas alturas
y que ofrecen rincones idílicos para la meditación.



Subirse a estos promontorios nos da la idea fidedigna del paraíso donde estamos.
-"¡Y pensar que algo más allá hay otra aljibe de similares características y, cerca,
el cortado de la impresionante Merga de la gran falla de la Sierra de Ubrique!"



Cerca del llano con nogales podemos ver una parcela de terreno cercada
 con lineales piedras colocadas a posta. Tras preguntar a posteriori el por qué,
nos llevamos otra decepción. Por lo visto, son inventos para la cría de conejos.
Desde luego, a esos pobres animalitos, literalmente les ha caído la cruz encima.



Abandonamos la atalaya provisional. Nos llama la atención esta higuera bravía,
tan poco frecuente por la sierra donde abundan algarrobos y acebuches. Y mirando
hacia abajo para no perder pie, pudimos capturar con la cámara un premio...



Un pilón de los que dicen, abundan por aquí para recoger el agua de la lluvia.



Cuenta la leyenda que el pago por el arrendamiento de los pastos,
 era la labra de un pilón anual por parte del arrendatario pastor.
Es una bella sorpresa encontrarlos...



en los más insospechados lugares. Estas prácticas son más estéticas con el entorno
que la proliferación de la desusadas bañeras que ubican como bebederos...



para las que les gusta jugar al esconder tras los intocables palmitos.
Marchamos ya hacía el descenso. Quedan más días que olla.
Ya volveremos a coger nueces a Sierra Baja o a visitar los Aljibes.



O subir al recién nombrado pico del Gamón que es la altura más importante
 de la Sierra de Ubrique.
Desde ahí arriba se ve hasta Gibraltar -son más de mil cien metros de altura.
Ya regresaremos, pues la tarde cae impaciente y de noche todos los gatos son pardos.



Un buen muro -mejorando a Pink Floyd -separa la altiplanicie de la bajada.



Y mientras bajamos, les vamos diciendo adiós a las compañeras de escena.



Cabras que casualmente están abajo de la piedra del camino, mientras
que la "Corniidem", está arriba bien aferrada.



Mientras ellas parecen diseñadas para transitar como "Perico por su casa"...



por el magnífico y caprichoso caos pedregoso de la debacle caliza de estas alturas...



nosotros, animales humanos, buscaremos allá abajo, la comodidad del querido pueblo.



Ubrique, que desde aquí arriba ofrece una estampa que enamora y subyuga, 
cuando sobre el paisaje en lontananza...



se cierne el crepúsculo.



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lunes, 3 de noviembre de 2014

Sierra Baja. El paseo.

Sierra Baja es la parte más alta de la Sierra de Ubrique. 
En nuestro querido pueblo, le llamamos Sierra Alta para más controversia.
No se ve su grandeza desde abajo porque está justo encima de la gran falla
vertical, de la llamada Merga. Nosotros ya estábamos arriba cuando "la subida".



Habíamos descubierto por primera vez para nuestros ojos otra recóndita dolina
con cuatro nogales y habíamos comenzado el paseo por aquella altiplanicie...



buscando el declive que bajaría a la parte trasera de la Sierra de Ubrique...
¡Hacia los Pozos de "Barría"!
Bajaremos al menos, hasta ese piquito que se ve ahí abajo.
Aunque la roza de monte en franja se hace para evitar la propagación
del horrible e indeseado fuego, bien sirven para el tránsito de animales.
Nosotros, como animales humanos, vamos a hacer lo mismo.



El paisaje es admirable. Sumidos en la inmensa soledad de las alturas,
se disfruta de la vista y del oído. Numerosas avecillas gorgojeaban.. 



por entre la impenetrable maleza. Sólo los animales cuadrúpedos
abren resquicios de paso, lo que nos permite golimbrear en busca
de algún claro despejado. ¡Y eso hicimos! Tras la maleza...



se abrían retazos de yermas calizas por las que entraba el sol de la tarde,
con el fin de iluminar el espectáculo de la Gran Madre Tierra.
A este escenario natural, estaba a punto de entrar en escena...



 uno de los personajes habituales en este teatro... 
¡La imitadora!



-"¡Hey! ¡Malasombra! ¿Por qué me imitas?"



Hemos llegado al punto deseado y la verdad es que no vamos a bajar hasta
los Pozos de "Barría". Vamos a seguir el rebusco de curiosidades,
 muy al gusto de este humilde blog, por entre las formas caprichosas que
nos ofrece la disolución lenta pero segura, de la agraciada roca caliza.




Huecos imposibles pero ciertos...



e increíbles agujas que bien podrían ser colmillos
 de los imaginarios "Dragones de Piedra".



Pero también, sobre la estéril roca, podemos apreciar restos de los muy
respetables pobladores, dueños genuinos de estos lugares recónditos.
Mamíferos carnívoros y herbívoros muy difíciles de capturar con el objetivo...
  


lo que no pasa con los más pequeños que posan pacientes como buenos modelos.
 La sierra es un hervidero de vida que hay que respetar al máximo.
Pero por desgracia, hay costumbre de ir a la sierra a depredar -a arrasar. 
Algo hay que coger, algo hay que recolectar, algo hay que matar...
-"¿Por qué no ir por el placer de ir y disfrutar sin infringir agravio al medio?"
-"¿Por qué no ir por el placer de ir, sin excusas ni pretextos?"
Desafortunadamente, siempre escuchamos entre la gente...



-"¡Voy por unos esparraguitos!"



-"¡Voy a por setas!"



-"¡Voy a coger flores!"



Todo en la Naturaleza tiene su razón de ser. Su destino, no es precisamente
suplir nuestras carencias de admiración e imaginación. No somos dueños...



de ningún elemento Natural... 
-¡Por muy atractivos que sean!



Decimos adiós a la parte trasera de la inmensa Sierra de Ubrique,
un auténtico paraíso natural desde la que se divisan varias de las sierras hermanas
-Blanquilla, Purga, Hacho- y que andan separadas por los Pozos...



y giramos nuestro rumbo ciento ochenta grados.
Aún nos queda un buen trecho de vuelta en el que se van intercalando...



suaves y gratificantes horizontalidades...



y agrestes tramos de vereda rocosa que ponen a prueba los tobillos. Eso sí...
-"¡Sin sufrimiento, no hay superación!"



Agradeciendo los regalos de bosquecillos de encinas y desusados alfanjes.



Y poder asombrarnos con los llamativos colores del fruto de la palmicha...



los ásperos y dulces churris. 
Pero tenemos que poner el grito en el cielo ante la miserable estampa...



del "pelaero" de la extracción de los troncos de las indefensas plantas... los palmitos.
Y eso que por ley está prohibido arrancarlos. Los mentecatos abundan... ¡Mala fortuna!


Estamos de nuevo en el admirable altozano. Increíble pensar que tanta llanura
esté situada encima de la Sierra de Ubrique. Sólo nos queda "el descenso" de vuelta
de esta aventura que bien ha sido algo más que una incursión -sin ir más lejos.



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