miércoles, 16 de octubre de 2019

La cueva del perro muerto

La idea de que Ubrique es un lugar idílico, tiene sus fundamentos. 
Su enclave privilegiado dentro de la sierra de Cádiz.
Y que a doscientos metros de nuestras casas ya podemos
entrar en otro mundo; lleno de endémicas flores en primavera...



o de la siempre amenazada -por disparos o enfermedades- fauna silvestre, 
corroboran estos fundamentos...



y no hay más que adentrarse en ella para encontrar a "tiro de piedra", 
rincones cargados de magia y belleza. Esa belleza...



que bien han sabido y saben plasmar  nuestros extraordinarios artistas locales.
Para subir a dar un paseíto por la sierra
a veces hay que pasar por la puerta de sus estudios pictóricos...



hasta llegar a la entrada del mirador del Ubrique el Alto
y así poder disfrutar de nuestra sierra...



ya sea para la pura contemplación
por la abstracción que produce.



Para instalar casas nido a esos esquilmados pajarillos o para...



plantar una encina y cuidarla.
Porque...



por el bien de nuestra Gran Madre Tierra.
Más, como decía el poeta Antonio Machado...



"Caminante no hay camino..."
Sobre todo si se va dejando atrás la bota en forma de basura.



¡No hay "camino" limpio con la huella del hombre!
El "inconveniente" es que la basura depositada durante tantos años 
-como ya lo referimos es el antiguo muladar- hace que, un lugar de ensueño... 



pueda llegar a convertirse en...



¡Una auténtica pesadilla...! 
Y parece que nunca va a acabar.



Por eso la sierra está "cableada" y con razón.



¿Cuándo la gente va a entender que no tenemos plan B en esta vida...?
¿Cuándo la gente se va a poner de verdad al "Tajo"...?



Y como hacemos en "Ubrique en verde", subir con paso lento,
pero fuerte y seguro, a escudriñar nuestros privilegiados aledaños...



a entresacar...



y recoger lo que otros más insensatos tiraron.



¡A nadie se le "caen los anillos" por eso! 
Y por eso, el único Planeta que tenemos siempre nos lo agradecerá.



Es una tarea sana, instructiva, entretenida, satisfactoria y gratificante.
Es tan simple que sólo se trata de dejar esos objetos que nunca debieron estar ahí



en su lugar correspondiente. 
Ya que esa "basuraleza" provoca daños irreparables en el ecosistema.



Aunque sea a un pobre caracol que creció dentro de una botella
y murió al no poder salir por el gollete.



En nuestra tarea, lenta pero segura, dimos con un lugar encrespado y fraccionado
-"tectónicamente" hablando. Una especie de torcal que se encuentra entre
y por debajo del "dragón de piedra"



donde se suceden grietas y reductos en los que -por años- 
los cazadores han tenido encadenados a los pobres perros. 
Y se sabe que fueron perros porque...



 "la policía no es tonta".
No solo restos de indicios de la comida,



sino también de la bebida. 
Una vez llenado el cacharro del agua...
¡La botella a tomar por saco...!
¡Por maldad o por ignorancia!
¡A esperar que alguien la recoja si hay suerte!


Pues de todas esas estrechas grietas y boquetes, para no entrar en más detalles
-y vamos a lo que vamos-
 hay una en particular donde los cazadores desechaban y aún siguen tirando,
los animales -esas cosas que sirven para la caza- cuando ya no cumplen tal fin.
Se trata, ni más ni menos que de



¡La cueva del Perro Muerto...!
¡Igual que una película de terror pero real!



Un morboso lugar donde se amontonan los restos de sus "queridas" herramientas
de caza que les ayudan a matar a tiros lo que ellos llaman con orgullo, "trofeos".
Una tétrica y lúgubre fosa común donde descansan los cuerpos decesos
de seres que sienten y sufren como los animales humanos. 
Un cementerio



todavía al uso, donde impunemente y sin ningún control, siguen acumulándose
los cuerpos de aquellos que tanto amor fueron capaces de derrochar en vida.
¡Algo lamentable con lo que las autoridades prefieren mirar para otro lado!



No ha mucho tiempo que en una de esas batidas de "caza"
para capturar y colgarnos al cinto, nuestros propios trofeos



 ¡No hay que olvidar que el mejor disparo que se le puede hacer a un animal, 
es con una cámara! Aunque sea con la del móvil.



Decíamos que, un día que andábamos cerca del escabroso y patológico lugar,
un nauseabundo olor a "perros muertos", nos vino a la pituitaria.
Y nuestras sospechas fueron tristemente confirmadas.



Otro pobre animalito colmataba más si cabe, la fosa de las inocentes víctimas
de una de las más sórdidas diversiones humanas ¡La injusta caza!



Por la noche se escucha ladrar en la sierra  a decenas de perros 
que están amarrados, esperando que una temporada al año,
 los lleven sus opresores dueños al campo.
Ubrique, nuestro querido pueblo, es un lugar maravilloso 
pero con el maltrato animal deja mucho que desear.
¡Como en tantos lugares! 
Y su sierra, por desgracia, esconde secretos muy oscuros.



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viernes, 12 de octubre de 2018

Hasta el infinito y más acá

Cuentan las buenas lenguas que la belleza de nuestros parajes es infinita.
Ese pueblo que está en el regazo de su propia sierra, tiene un nombre que
es un bello sonido a los oídos de sus soñadores habitantes.



Hay un Jubrique en Málaga y un Ourique en Portugal...
 pero Ubrique, solo hay uno.



Visto desde arriba parece...
Parece...
¡Parece que está abajo...! ¡Tan tranquilo...!
Pero para verlo desde arriba hay que repechar 
y eso es lo que íbamos a hacer aquel día.



Subir hasta el infinito si hace falta... o más acá,
para recrearnos de su "infinita belleza".
Partimos nuestro ascenso puestos los pasos camino del aljibe de tío Paco
-la construcción humana en uso de cota más elevada en la sierra- desde el Caldereto. 
Nos salió a recibir diligente, el lindo perrito amigo nuestro
que se confundía con las piedras calizas y que es protagonista
 de uno de los meses del calendario solidario de 
Ubrique en verde, "Los animales importan".



¡Y en un pis pas ya estábamos arriba...!
Pero no olvidemos que nuestra intención era el "infinito"
así que más arriba...



ya se ocultaba de nuestra vista la panorámica de nuestro querido pueblo.
Habíamos llegado a una zona donde la sierra estaba
 "multifragmentada" longitudinalmente. 
Longas fisuras que al irse expandiendo durante millones de años
le confieren ese aspecto de "derrame tectónico infinito".
Y entre diaclasa y diaclasa nos encontramos con infinitos...



valles agrestes...



y verdes valles,
estos usados antaño como alfanjes para la producción de carbón vegetal...



intercalados con pretéritas construcciones de cobijo para animales.



Profundas simas sucedidas...



con elevadas y sugerentes crestas...



entre las que caminar -no sin esfuerzo- se convertía en pura imaginación.



A estas alturas- nunca mejor dicho lo de alturas- nuestra intención seguía
siendo la pretensión de continuar ascendiendo en busca del infinito.



Andábamos detrás y por encima del Cancho Grande 
-desde donde se puede ver la espalda de los pajarracos.



Un lugar apartado y que tuvo gran actividad humana en el pasado
-cuando criar ganado por lo visto era "necesario"...



¡La "majá" de las Tunas...!



Un lugar olvidado cerca del "infinito" donde todo se torna hiperbólico, enorme.
Sobre todo desde que está libre de la mano humana.



Incluso los lantiscos, esos arbustos que eran continuamente podados para la elaboración
de la energía vegetal, han "decidido" poseer troncos como árboles.



Nos podemos imaginar la vida rozando el ascetismo, de nuestros antepasados por estos lares. 
Posiblemente ellos no buscaran ascender al infinito místico -les quedaría un poco lejos-
pero la sensación de distancia y austeridad estaría siempre presente.



No obstante, al seguir ascendiendo, dimos de bruces con el tajo alto de sierra Baja.
Puede sonar a incongruencia, pero la parte más alta de la sierra de Ubrique
se llama Sierra Baja.
Sin embatgo, la cota alcanzada en busca del infinito era bastante importante.



Tanto que desde ella también pudimos ver la espalda de los pajarracos.



-¿Estará el infinito por encima del peñón del Berrueco?
-¿Buscarán en sus interminables vuelos los buitres leonados, también el infinito?
-por preguntar algo más.
Y en esas cuitas andábamos cuando creímos que ya era hora
 de ir regresando -y a la vez conveniente- a nuestro querido pueblo.



Y qué mejor que hacerlo por la entrañable puerta de Sierra Baja.
Esa singularidad calcárea que unía  nuestra
zona de búsqueda del "infinito" con el Salto del Poyo
-la salida natural del laberinto.
Una vez atravesada...



y sólo en unos metros, nuestra querida sierra, cambiaba su fisonomía estética.



De continuo y no falto de asombro para nuestros acostumbrados ojos,
las caprichosas formaciones calizas, fruto de la fragmentación y la erosión... 



aglutinaban el hermoso caos pétreo tan pegado a la Tierra y
 que al contrario de lo etéreo y eterno que andábamos buscando,
estas piedras vienen... ¡Con fecha de caducidad...! ¡Sí...!
¡A millones de años vista...! Pero... ¡Son finitas!
Y la duda existencial nos abordó...



-¿Para qué pretender el infinito cuando más acá, 
"a doscientos metros de nuestras casas", en nuestra querida sierra, se estaba genial?
¡Lástima que ya sí había que regresar a la comodidad del hogar, antes del crepúsculo!


(Dedicado con cariño al grupo de incursionistas -sin ir más lejos-
 de "A 200 metros de nuestras casas". 
Siempre en busca de la infinita belleza de nuestra querida sierra)



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