martes, 22 de noviembre de 2016

Detrás de la Maceta. El ascenso

Cuenta la leyenda que en un cerrete calizo detrás de la Maceta, en la sierra de Ubrique,
hace muchos lustros, existía una ancestral leprosería donde los pobres infelices eran
apartados. Hasta allá arriba les llevaban comida y agua. Y allí acababan sus penosos días.



Aquel domingo hicimos una incursión, sin ir más lejos, para ver si encontrábamos
su localización, sabiendo que si así no ocurría, la mera ascensión por las calles...



de nuestro querido pueblo -cuyos rincones conforman un jardín natural-
y el posterior "repecho" por la vereda de la Aljibe, bien merecía la pena.
Y decimos "repechar" porque subir a la sierra siempre va acompañado
del esfuerzo y el tesón personal en contraposición a lo que algunos creen.



-¡Hay quien piensa que la sierra es para "descansar"...!
Pero de nada nos sirven los almohadones. Nuestro destino está allá en la cumbre.



Dejamos atrás la "somierilla" -vocablo compuesto de somier y angarilla-
que da acceso a la Era donde están los restos del árabe Umrica,
 no sin percatarnos del daño sinsentido...



que manos anónimas infringen una vez más al panel del mirador del  Ubrique el Alto
-en la ruta de los Miradores. Desde el Mirador podemos obtener curiosas instantáneas...



Como el Convento de Capuchinos y la ermita del San Antonio -de perfil.



Pero no nos entretuvimos más. 
La subida que nos esperaba se presentaba con ilusión.
-¡Cuántas veces hemos deambulado entre estas piedras cuajadas de veredas.
La elegida para esta ocasión, era "la primera subiendo a mano derecha".
¡La vereda del Aljibe...! 



Dicha vereda era escarpada en el primer tramo...
¡Un buen repecho!
Pronto estábamos con Ubrique a nuestros pies.
Pero esa pendiente no era óbice para disfrutar de las vistas
hacia nuestro querido pueblo.



Le diremos un "hasta luego" a la cuna que nos vio nacer.
Lo perderemos de vista pues lo exige el guión de la ruta.
Llegamos a una vaguada...



que encierra un alfanje -llanito de picón- en el camino.
Es uno de esos rincones mágicos que demuestran que la sierra de Ubrique,
al ser una de las últimas estribaciones del sistema Penibético,
se fractura en multitud...



de estructuras desestructuradas a las que las hiedras le añaden
más magia de duendes, elfos y ninfas, si cabe.
La Gran Madre Tierra nos ofrece para nuestro deleite estas estampas
y somos los animales humanos los que insistimos en destruirlas.
Por nuestras acciones y nuestra asignatura pendiente en la sierra...



nos tuvieron que colocar el cartelito que nunca hubiera hecho falta,
en la pared que nos separa de la primera Aljibe.



El primer tramo de la aventura se presentaba ante nuestros ojos...
¡La primera Aljibe!
Siempre recordaremos la primera vez que subimos hasta este punto en la juventud.
Aún hoy en día sentimos el mismo hormigueo en el estómago...
-¿O eran mariposas?



El caso es que siempre sorprende ver la flamante explanada encima de la sierra
una vez "repechado" hasta aquí. Una parada para el deleite siempre va bien.
A lo lejos algunas siluetas familiares del contorno de Ubrique, entre ellas...



la meseta del Salto de la Mora que alberga entre sus altivas explanadas,
la inmortal ciudad romana de Ocurrris.
La paradita no fue nada más que un pretexto para recuperar el aire.
¡La cuesta, cuesta...!



No podíamos perder la razón de la incursión. Andábamos a medio camino.
Todavía quedaba trecho... ¡Y ascendente!
A la izquierda de la planicie del aljibe...



Se alzaba nuestro objetivo.
Una vez localizada la otra vereda...



pronto quedaba rezagada la antigua obra que guarda 
el primordial líquido elemento. La nueva ascensión era agradable.
No era tan pendiente. Además, a medida que subíamos...



la óptica sobre la gran falla llamada la Merga que enmarca Sierra Baja,
es sobrecogedora. En el camino nos íbamos topando con curiosidades
naturales que son del gusto de este humilde blog... en verde.



Nos referimos, por ejemplo, a esos llanos -alfanjes- elaborados por la mano
de nuestros ancestros, a base de acopio de tierra y que usaban para
la elaboración y acarreo de energía vegetal -el cisco y el picón.



O bien, la gran cantidad de delicado pero fingido azafrán silvestre 
que tanto abunda en esta época.



Alguna que otra poceta natural, producto de la disolución de la roca caliza y que
recoge agua de lluvia. Pero quizá sea lo más llamativo cuando en el camino...



tropezamos con un buen trozo de "sal de moro" -calcita, cuarzo cristalizado
a profundas presiones y que emergieron por los movimientos orogéneos.
Al ser más frágiles, por las vetas de "sal de moro",
 discurren la mayoría de la veredas de la sierra.



Así distraídos, alcanzamos cota. A nuestra izquierda se erguía orgullosa la Maceta,
separada del cerrete trasero, al que venimos a buscar los restos de la posible...



leprosería ancestral, por una vaguada que separa de partes diferenciadas
de nuestra querida sierra. Poco o nada nos quedaba que no fuese conocido...



hasta llegar a un pradito de margaritas como de cristal.
Allí estaba esperándonos el viso.
Marchando abajo nos encaminaríamos hacia el cerro del Mono.
Lo tendríamos en cuenta como posible ruta para el descenso...



pero nos tocaba seguir subiendo un poco más por fragmentos ignotos
de la sierra, deseando tener suerte y grabando en la memoria las escasas
encinas lustrosas que por su ubicación sobre atalayas, se libraron
de postreras e ignorantes talas indiscriminadas.



Nuestro campo de visión se iba ampliando. Ante nuestros ojos se erguía vigorosa
toda la sierra de Cádiz... ¡Bueno, casi toda! Estábamos bien altos.
Más altos que la sinuosa carretera de Benaocaz. 
Y más altos que el llano de Vega Redonda,
esa dolina que se dibuja como anfiteatro entre el maremagnum calizo.



Habíamos volcado todo nuestro corazón en el empeño por lo que,
 a partir de ahora habíamos de estar atentos para ver si encontrábamos
algún vestigio de lo que veníamos a buscar. Así que...



¡Ojito, ojito...!
-¡Qué buen modelo resultó ser la piedra caliza con un boquete, en la sierra!



Ascendimos hasta detrás de la Maceta, con Ubrique en lontananza.
Ahora era cuando la aventura iba a comenzar en realidad.
Tocaba subir al cerrete trasero para la investigación.
¿Descubriremos algún vestigio de la leyenda...?
¡Lo sabremos en la segunda parte "Detrás de la Maceta. El descenso"!



Y mientras, ajeno a nuestras ilusiones y nuestro denuedo,
 un escarabajo pelotero, algo agobiado,
no por la naturaleza de su carga sino por tanto esfuerzo,
 pensaba... 
"¡A veces esta vida es una m......., pero me gusta!"




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sábado, 12 de noviembre de 2016

II- Cineando en Vejer

Gran sorpresa nos llevamos cuando, caminando por las calles de Vejer
los de Cineando en Ubrique, acompañados de los Marimantas
-según pudimos ver en la primera parte de "I. Cineando en Vejer"-
al doblar un recodo de sus callejuelas,
nos topamos con una "aparición en dos d" inanimada.
¿Sería la representación de una mora...? ¿Una antigua cristiana...?
¿Una fantasma...? Más tarde nos enteraríamos.



Pero mayor sorpresa fue cuando pudimos ver por detrás,
 y animadas,
cuatro "apariciones en tres d" que...



ascendían en busca del grupo de los viajeros de nuestro querido pueblo.
¿Qué sutil leyenda o tradición guardarían tales personajes pintorescos?
Por el bello ojo que dejaban ver para poder ver, se entreveía que eran lindas muchachas.



Según nos contó Jose el "Marimanta", era una prenda de vestir originaria
que usaban antaño las vejerianas... ¡Las cobijadas! O mejor dicho "Las cobijás"!
Nos cantó como tan tapadas, las mujeres de Vejer podían ocultar bastantes secretos
y desplazarse en perfecto anonimato por las intrincadas calles del pueblo.
Y continuó la visita perfectamente guiada.



Nos condujo por el callejón Oscuro -algo así como el callejón Techado 
de la calle Palma de nuestro querido pueblo pero más largo- y al salir...



nos volvió a cantar otra entrañable leyenda. Cual juglar medieval y portando
 un pergamino de "viñetas" a la antigua usanza, conocimos la historia de Catalina Fernández,
 la cristiana que por amor a un moro, se convirtió en musulmana.
Todos embelesados escuchamos la canción...
"La leyenda cuenta que cuando Al Andalus era territorio musulmán 
-de ahí lo de Vejer de la Frontera- el emir Mulay Alí ben Rachid se enamoró 
de Zhora -Catalina- una guapa muchacha de Vejer -de la Frontera- 
y su amor fue correspondido por ella. 
Cuando los cristianos los expulsaron de la Península. emigraron a Marruecos y allí,
para paliar la añoranza  que Zhora tenía de su pueblo, el emir mandó construir uno
a su imagen y semejanza y lo llamó Xauen. Allí las cobijadas lucían de blanco".
Ambos pueblos están hermanados en la actualidad.





Siguiendo el itinerario, comprendimos las leyendas del por qué 
algunos balcones y ventanas de tan digno pueblo están tapiados a cal y canto.
También nos enseñó el lugar más fotografiado de Vejer...



Estos arcos misteriosos son su pura estampa desde los cuales antaño,
 se veían detrás los molinos de viento tan famosos en Vejer, y como tal...



nos pusimos como locos -y por turnos- a dejarlos plasmados 
en nuestros soportes digitales para, posteriormente, dirigirnos...



hacia las puertas del castillo del siglo XII que fueron un buen lugar...



para "retratar" al hijo predilecto de Ubrique que será nombrado oficialmente
el próximo veintiocho de enero, don Bartolo. ¡Todo el día "arrelingao" a su cámara!



En el patio del castillo tuvo lugar la última escena de los Marimantas.
En esta ocasión especial nos quedamos boquiabiertos.
Ante nuestros ojos, el carácter espectral e ignoto de las personajes
se iba transformando paulatinamente en magia y alegría...



y cual oscuras crisálidas que ocultaban su fermosura, Jose nos relató cantando, el tránsito...



¡De la oscuridad de las cobijadas...



a la más brillante luz! ¡Y en forma de lindas molineras...!
Con esta estampa en la retina nos dirigimos a visitar el resto de la fortaleza.



Era hora de que el grupo de ilusionados ubriqueños...



subiera hasta las almenas de la historia.



Desde ellas y gracias a su prominente cota, no sólo se ofrecía ante nuestras pupilas,
favorecedoras imágenes de lo que fuera parte de la Frontera y sus monumentos, sino...



lejanas postales de la sabrosa costa de la Luz gaditana
-E incluso, Marruecos.
Almenas que al menos dejaron correr la imaginación...



de gratos...



entrañables y...



brillantes amigos
-al menos al sol.



¡Y amigas...!
Almenas que, al menos desde tiempo inmemorial, guardan con celo ...



la sencillez y la belleza de lo auténtico.
La visita llegó a su culmen y por supuesto no podía faltar algún recuerdo...



bajo el vetusto jazmín del castillo.
Marimantas y Ubrique en verde quedaron encantados.



-¡Gracias por habernos contado vuestra historia de una forma
 tan cercana, familiar y pintoresca...!
Y mientras ellos cerraban el castillo en espera de nuevos e intrigados visitantes...



nosotros tuvimos algún tiempo libre para ver otras calles;
otros tesoros de los muchos que encierra la blanca Vejer.
Fuimos descubriendo nuevos rincones, algunos de ellos...



de especial interés gastro-culinario.



La tarde caía bajo la altiva blancura cuando estábamos preparados para el regreso.
De vuelta, los comentarios rondaban en lo bien que lo habíamos pasado
y lo mucho aprendido. Ya tornábamos a nuestro querido pueblo con la comprensión
 de que, conocer a fondo otros lugares de interés turístico...



nos ayuda a valorar más si cabe, nuestro propio interés...
¡Nuestro Ubrique del alma nos recibía brillante como siempre!
Es una fortuna poder contar en nuestro querido pueblo con vejeriegos
tan pródigos y entregados con la cultura en general y en particular, el cine.
Y si buscamos la sinopsis del filme vivido, podría ser perfectamente...



Cineando en Ubrique vivió una jornada de película en nuestro pueblo hermano.

(Antiguo proyector del desaparecido cine de la calle Corredera de Vejer de la Frontera)



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