domingo, 4 de junio de 2017

La primavera la sangre altera

Curioso y legendario refrán que hace los honores a 
la estación anual más añorada por este humilde blog.
El color verde sirve de base a la explosión de colores a posteriori
que, contrastados y enmarcados con los límpidos cielos,
nos ofrecen una espectacular experiencia para los sentidos.
¡Cómo para que no se altere la sangre...!



Es el equinocio de las flores y las vitales abejas, por excelencia.
Es cuando salen de su escondrijo seres tan singulares como los sapos.



-¡Oh, preciosa flor...!
¿Por qué tú eres hermosa y yo soy un horror?
(Dijo el sapo)
-¡No te equivoques lindo sapito...!
¡Hermosos, somos los dos...!

(Responde la flor)
-¡Pero cada uno a su estilo...!
(Eso lo añado yo).
(De la página de "feisbu" de Ubrique en verde)


Es la época propicia para el instintivo amor...



-¡La primavera la sangre altera...! ¡Y cómo no...!
¡Hala, hala...! ¡Que donde hay pluma, hay alegría...!



No obstante, dentro del amor también son frecuentes en primavera
ciertas imágenes más levemente obscenas.
¡Procrearse o desaparecer...! ¡Esa es la cuestión!



Es la época de la ternura de los nuevos nacimientos que llenan de esperanza la Naturaleza.



Un trecho en el tiempo estacional en el que se llena de vida el cielo...



buscando la vida del suelo que estaba buscando el calorcito de la vida.



Es la etapa de las constructoras y pertinaces golondrinas que buscan los embarrados
recovecos húmedos para recolectar la materia prima de sus sólidas construcciones.



Hay quién dice que las oscuras golondrinas nos traen la suerte cuando vuelven.
Ya lo dijo el poeta... "¡Volverán las oscuras...!"
-"Todo eso de la suerte está muy bien pero el número que está mirando ésa... ¡Ejem!"
Lo que sí es una suerte para nosotros...



es vivir en un enclave tan privilegiado, Rodeados de naturaleza por los cuatro costados.
Y la fortuna que no tienen los de la capital... ¡Poder compartir con animales...



en unos paisajes de asombrosa belleza muy cerca del pueblo. 
-¡Y más en primavera!
Y no sólo se cubren de flores los campos...



también se llena de encanto nuestra querida sierra.
Pero hoy no nos vamos a dar un paseíto por la sierra.



Vamos a cruzar el puente del Camino del Final 
-también llamado de la Vega o de Barrida- a golimbrear por...



la cañada de Jimena. 
¡A disfrutar de una jornada de paseo por el campo...!
Emulando aquel día de los Paseos, al que ahora llaman el día de todos los Halloween.



Descubrir de nuevo esos puentes de Madis... ¡Huy, Ubrique!
Lugares con la magia de lo ancestro y longevo que hay que revitalizar.



A maravillarnos con los contrastes de las innumerables flores que alteran los tonos verdes.
Como la sutileza de esta Phlomis herba venti -un matagallo muy fino. La antítesis...



de la aspereza de los alcauciles silvestres,
 invasores de estas tierras, con "lanzas" bien respetables.



La primavera se llena de contrastes y hasta los cardos borriqueros se vuelven atractivos.



Y es que un paseo por el campo en estas fechas nos permite disfrutar viendo alternar
los escenarios del teatro que alberga la vida silvestre...



sin cambiar el telón de fondo de nuestra impresionante Sierra.



Y ver cómo desde los "camerinos" del río de "Barría",
nuestro querido pueblo está oculto en lontananza.



Sólo de regreso se deja ver "pueblo nuevo" que anda en expansión por encima de 
la Vega Realejos -la que alberga el centro ocupacional "el Curtido".



Otra vez en el mismo puente al regreso. 
Vetusto y soportando el paso del tiempo con donaire...



ha visto como en los últimos años "se le viene encima una avalancha"
 que lo está partiendo por la mitad. Es lamentable que esta estampa de...



calendario, se vaya deteriorando poco a poco ante nuestra impotencia.
No obstante, ya salíamos de la caja del río...



cuando "enguipamos una chiburralea arrelingaos" al puente y 
que señalaban con algazara hacia el río. 
"¡Mirua, mirua...!" -decían.
Volvimos y cual fue nuestra sorpresa...



que se trataba de una llamativa culebra viperina también llamada culebra de agua
 por su afinidad con las zonas húmedas y encharcadas. Es una artista consumada.
Cuando se ve amenazada, aplasta la cabeza y la pone triangular como una víbora.
 En este caso, Ubrique en verde tuvo el privilegio de captar una escena...



de "pesca" con nuestra protagonista en acción sobre un desafortunado pececillo...



que se cruzó en su camino.
¡Con razón los niños estaban asombrados...!



De manera certera lo cogió con la boca y con una fuerza descomunal 
-viendo los tamaños- lo llevó a la otra margen del río.



La pregunta a hacernos era obvia... 
-¿Podría tragarse la natrix maura tanta "plata"...?



-¡La respuesta bien la sabemos todos...!
Episodios como el vivido, nos ayudan a comprender la importancia de preservar nuestro
 medio natural... Sin él no somos nada y ya sabemos que no tenemos "un planeta B".



Una mañana de primavera en el campo, cerquita de nuestro querido pueblo.
Regresamos llenos de gozo y con la cámara llena de interesantes instantáneas.
-¡La primavera es la sublime estación de las flores y las mariposas...!



Y lógicamente tanta belleza...
"¡La sangre altera!"
-"¿Será por estos simples detalles que nos guste tanto la primavera...?"




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jueves, 11 de mayo de 2017

La higuera y el Convento

Aunque Ubrique en su conjunto sea un verdadero espectáculo para los sentidos...



hay una parte -cerca del Convento de Capuchinos-
 que es de vital importancia para nuestra vida.



Basta mirar desde el majestuoso Convento hacia la Cornicabra,
para empezar a "olernos" algo
-y eso que esta instantánea es de cuando todavía estaban los pinos del Depósito.



Se trata de un lugar que brilla por sí sólo -al menos cuando amanece tras el tajo del Moro.



-Pero antes vamos a despedirnos de Gaty que ha estado agazapado espiándonos
entre los jardines del Convento, para ver que es lo que nos traíamos entre manos.



Tras la higuera de la izquierda y por delante, 
vemos como vierte su secreto cristalino en el Rodezno.



El Rodezno -mención aparte- representado por artistas noveles y consagrados.


Un emblemático enclave etnológico con un brillante pasado y un lamentable ahora.



Puede ser la debacle más extrema aunque sea el rincón más "bonito" de Ubrique.
En su abandono se pobló de higueras bravías -las que provocan urticarias con su leche.



Y camuflado por tan peculiar follaje de acantos, perritos e higueras
 pero protegido a cal y canto ...



 -nunca mejor dicho lo de "a cal y canto"- 
brota de ese vital lugar, la considerada 
mejor agua de la sierra de Cádiz
-según estudios hidrogeológicos.
¡¡¡El Nacimiento!!!



Un emplazamiento cargado de recuerdos, de vivencias pasadas.



Restos de lo que antaño fuese un lugar de encuentro y reencuentros,
 de idas y venidas para procurar el líquido y primordial elemento.
De ahí eso de... ¡Tanto va el cántaro a la fuente...!



Una parte tan antigua de nuestro pasado que hasta las conchas
de los pobres caracoles han empezado el proceso de fosilización...



y donde presuntamente se vivieron momentos trágicos de nuestra historia
-como parece atestiguar esta bala de plomo.
Estos son los tesoros del Nacimiento pero qué duda cabe que el mayor tesoro...



es el agua. 
Y la que sobra, se marcha hasta el río -que más abajo también hace falta.
Pues justo encima del rebosadero está nuestra protagonista de hoy.
Una señora que sabe mucho "de higos a brevas".



Se trata de una higuera corriente en la que se posan los pájaros.
Una higuera que se ha propuesto quitarle protagonismo a sus vecinos del Convento.



Cuando es invierno pasa desapercibida.
Sus despojadas ramas como moda otoño-invierno,
parecen no interferir en el campo de visión hacia los cipreses del Convento.



Pero a medida que va trocando el tiempo hacia la moda primavera,
va desperezándose la caduca higuera y va diciendo ¡Aquí estoy yo!



La Ficus Carica -símbolo de prosperidad en el pasado- 
iba eclosionando sus yemas con el calorcito y mostrando sus tonos verdes,
 formando un tapiz que ocultaba poco a poco la silueta del Convento.



No obstante, los pájaros seguían esperando acceder al interior de los siconos 
-o sea, a que les cayera la breva.



Y a veces había que esforzar la vista para verlos -los pájaros.
Hojas y frutos emergían día a día con latente paciencia alimentados por
su látex blanco que recorría el interior de sus grises ramas. 



Y así con el esfuerzo fotosintético -que sabe a sabia- 
esplendorosa lucía nuestra higuera esperando 
la cálida moda verano de Ubrique en verde. 
Ya sólo se veía un poco de la copa de uno de los longevos cipreses.



Como cantara Miguel Hernández en su elegía...
"Volverás a mi huerto y a mi higuera
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera."
Muy poético, pero un "alto andamio" es lo que íbamos a necesitar...



para poder observar el Convento desde el Nacimiento,
 con la higuera de por medio, desde una cota más alta.



-¿Y si para obtener mejor campo de visión
optábamos por subir a los tajos de la Cornicabra?
Y no es que tuviésemos que repechar...



como lo hacen de maravilla las cabras montesas que se ven en el estío...



sino desde arriba; desde el depósito al que envían las aguas del Nacimiento,
 los motores de la Parra. ¡Pues allá que subimos!



En la subida nos esperaba Gaty, en su casa...



y salió corriendo a recibirnos cordialmente, antes de llegar. 
¡Hay que llevarse bien con los animales!



Ya en el depósito, dos chivillos juguetones pero despistados,
 nos llevaron al filo del tajo.



Desde allí la visión del enclave era bastante óptima y familiar. 
No obstante, como buen herbívoro 
-mientras que con su cuerno derecho nos señalaba nuestro tesoro arquitectónico-
 lo más importante para él...



era la hierba, relegando así para su gusto, al Convento a un segundo plano.
Y hablando de cuernos, también nos encontramos con un señor gastrópodo
-como aquél de sal caracol.



¡A todos se nos caía la baba ante la pintoresca panorámica...!
¡Y sin la higuera de por medio!
¡Bueno...! ¡Se les caía la baba a unos más que a otros...!
Lo cierto y lo fijo es que del patrimonio arquitectónico que
ostenta nuestro querido pueblo, el Convento...



es uno de los que más luce sin descanso, tanto de día...



como de noche. 
A propósito, a estas horas noctámbulas, la higuera se estaba poniendo "morada" de dormir
-que para eso es de la familia de la moráceas.
 De noche descansa mientras cambia oxígeno por "ce o dos",
Al día siguiente y hasta que vuelva a quedarse desnuda de hojas en otoño,
seguirá sin dejarnos ver esta maravilla y sus dos cipreses, desde el Nacimiento.




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