viernes, 12 de octubre de 2018

Hasta el infinito y más acá

Cuentan las buenas lenguas que la belleza de nuestros parajes es infinita.
Ese pueblo que está en el regazo de su propia sierra, tiene un nombre que
es un bello sonido a los oídos de sus soñadores habitantes.



Hay un Jubrique en Málaga y un Ourique en Portugal...
 pero Ubrique, sólo hay uno.



Visto desde arriba parece...
Parece...
¡Parece que está abajo...! ¡Tan tranquilo...!
Pero para verlo desde arriba hay que repechar 
y eso es lo que íbamos a hacer aquel día.



Subir hasta el infinito si hace falta... o más acá,
para recrearnos de su "infinita belleza".
Partimos nuestro ascenso puestos los pasos camino de la aljibe de tío Paco
-la construcción humana en uso, de cota más elevada en la sierra- desde el Caldereto. 
Nos salió a recibir diligente, el lindo perrito amigo nuestro
que se confundía con las piedras calizas y que es protagonista
 de uno de los meses del calendario solidario de 
Ubrique en verde, "Los animales importan".



¡Y en un pis pas ya estábamos arriba...!
Pero no olvidemos que nuestra intención era el "infinito"
así que más arriba...



ya se ocultaba de nuestra vista la panorámica de nuestro querido pueblo.
Habíamos llegado a una zona donde la sierra estaba
 "multifragmentada" longitudinalmente. 
Longas fisuras que al irse expandiendo durante millones de años
le confieren ese aspecto de "derrame tectónico infinito".
Y entre diaclasa y diaclasa nos encontramos con infinitos...



valles agrestes...



y verdes valles
-estos usados antaño como alfanjes para la producción de carbón vegetal...



intercalados con pretéritas construcciones de cobijo para animales.



Profundas simas sucedidas...



con elevadas y sugerentes crestas...



entre las que caminar -no sin esfuerzo- se convertía en pura imaginación.



A estas alturas- nunca mejor dicho lo de alturas- nuestra intención seguía
siendo la pretensión de continuar ascendiendo en busca del infinito.



Andábamos detrás y por encima del Cancho Grande 
-desde donde se puede ver la espalda de los pajarracos.



Un lugar apartado y que tuvo gran actividad humana en el pasado
-cuando criar ganado por lo visto era "necesario"...



¡La "majá" de las Tunas...!



Un lugar olvidado cerca del "infinito" donde todo se torna hiperbólico, enorme.
Sobre todo desde que está libre de la mano humana.



Incluso los lantiscos, esos arbustos que eran continuamente podados para la elaboración
de la energía vegetal, han "decidido" poseer troncos como árboles.



Nos podemos imaginar la vida rozando el ascetismo, de nuestros antepasados por estos lares. 
Posiblemente ellos no buscaran ascender al infinito místico -les quedaría un poco lejos-
pero la sensación de distancia y austeridad estaría siempre presente.



No obstante, al seguir ascendiendo, dimos de bruces con el tajo alto de sierra Baja.
Puede sonar a incongruencia, pero la parte más alta de la sierra de Ubrique
se llama Sierra Baja.
Sin embatgo, la cota alcanzada en busca del infinito era bastante importante.



Tanto que desde ella también pudimos ver la espalda de los pajarracos.



-¿Estará el infinito por encima del peñón del Berrueco?
-¿Buscarán en sus interminables vuelos los buitres leonados, también el infinito?
-por preguntar algo más.
Y en esas cuitas andábamos cuando creímos que ya era hora
 de ir regresando -y a la vez conveniente- a nuestro querido pueblo.



Y qué mejor que hacerlo por la entrañable puerta de Sierra Baja.
Esa singularidad calcárea que unía  nuestra
zona de búsqueda del "infinito" con el Salto del Poyo
-la salida natural del laberinto.
Una vez atravesada...



y sólo en unos metros, nuestra querida sierra, cambiaba su fisonomía estética.



De continuo y no falto de asombro para nuestros acostumbrados ojos,
las caprichosas formaciones calizas, fruto de la fragmentación y la erosión... 



aglutinaban el hermoso caos pétreo tan pegado a la Tierra y
 que al contrario de lo etéreo y eterno que andábamos buscando,
estas piedras vienen... ¡Con fecha de caducidad...! ¡Sí...!
¡A millones de años vista...! Pero... ¡Son finitas!
Y la duda existencial nos abordó...



-¿Para qué pretender el infinito cuando más acá, 
"a doscientos metros de nuestras casas", en nuestra querida sierra, se estaba genial?
¡Lástima que ya sí había que regresar a la comodidad del hogar, antes del crepúsculo!


(Dedicado con cariño al grupo de incursionistas -sin ir más lejos-
 de "A 200 metros de nuestras casas". 
Siempre en busca de la infinita belleza de nuestra querida sierra)



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domingo, 27 de mayo de 2018

La basura nos come

Estamos tan acostumbrados y nos es tan familiar que,
 la basura que vamos dejando en el mundo,
 no sólo "nos saluda" por la calle,
sino que nos va a comer literalmente.



Que no se trata de la clásica monda de plátano que un niño arrojó al suelo "por despiste".
¡Es algo mucho más serio y menos biológico!



Si tratamos a la Naturaleza con la lógica que deberíamos tener
 para la perpetuación de nuestra propia especie...



la Gran Madre Tierra nos sonreirá.



Pero si al contrario, vivimos en este Planeta como si tuviéramos otro a donde ir 
después de la autodestrucción...



La Gran Madre Tierra se ahogará en una profunda tristeza.



Y se alegrará la basura, como ente propio,
pues está destinada -entre otros- a la destrucción del medio ambiente,
mostrando su más malévola sonrisa.



Algunos detalles ayudan -como cortar los aros de los "portaenvases"
para que no se enreden los peces
porque más tarde o más pronto nuestra basura acabará en el mar...



pero da mucha rabia ver cómo muchos animales humanos -que no somos otra cosa-
continúan arrasando, vejando, aniquilando, lapidando, devastando, linchando, vertiendo
basura por doquier con total impunidad, dando un toque de "color" a la "chispa de la vida".





Pero centrémonos en nuestro querido pueblo
 -el Ubrique en verde que soñamos muchos
que nos ofrece un "marco" atractivo
para el turismo y para nosotros mismos -sus moradores.
Pero hay que cuidarlo.



Ya en su día pudimos ver como en el antiguo muladar -cuando no había medios
ni recursos para la recogida de R.S.U.- la gente vertía todo tipo de cosas.



Desde unos vasitos de "danones" de Danone...



hasta un saco de cemento "duro" -como la cara del que allí lo dejó.



Pasando por una simple bolsa de pipas que a saber los años que tiene encima.
¡Ya Heidi estará jubilada...!
Y es que nuestra costumbre, desde bien antiguo...



es la de desparramar nuestras basuras literalmente en cualquier lado, esperando que...



llegue el "tonto ecologista" y lo recoja.
O bien se tira la basura...


para darle trabajo al barrendero.
-"¡Pues cuidado por si un día le dan un puñetazo para dar trabajo a los dentistas!"




Menos mal -y dicho irónicamente- que hay algunos que las van dejando al alcance de la mano.




La Naturaleza tiene sus propios mecanismos para la
 eliminación de residuos generados por sí misma, 
pero desde que el hombre entró en liza, fue generando deshechos indestructibles.
Entonces y como somos cabezotas, es mejor...



arrojarlos a simas para quitarlos de la vista...
-¡Ojos que no ven...!



Pero lo dicho, por mucho empeño que pone nuestra Gran Madre, 
no puede eliminar nuestras huellas.
Y como ejemplo de algo prácticamente indestructible de forma natural...



nombrar los neumáticos -y eso que está prohibido tirarlos en cualquier sitio.



A veces parecen que están "sembrados" y que en la época de la "cosecha"...



se apilan en alpacas de "negra paja".



Hay que ser muy desgraciado para arrojar los escombros de las obras ilegales, 
a un lado de los caminos... Pero ahí está nuestra Madre, poco a poco,
tapando de hojas hasta sepultar tanto desdén.



A veces la basura "resulta" hasta simpática y nos llevamos ciertas sorpresas.
Otras veces nos rechinan los sentidos...



pues a todas luces se ve "eso no es ahí".
¡Que eso es una "papelera"...!
 ¡Qué no es una "cartonera"...!
Que el cartón va a su contenedor correspondiente...



pero en el contenedor correspondiente se deja la bolsa de basura...



y el contenedor de la basura se queda "helado".



Aún no hemos acertado plenamente en la "diana" del reciclaje.
¡Y es bien fácil...!



¡Las tres erres...!



Aún tenemos que terminar de abrir las "puertas" del compromiso con el medio ambiente
pues nuestra propia supervivencia depende de no dejar que "nos coma la basura".
Pero "esas puertas" las tiramos literalmente al campo. 
-¿Y qué mentecato le "pone" estas puertas al campo...?



Ya sabemos que también se puede ser creativo con la basura que nos come.



Pero en vez de "decorar", mejor dejarla en su sitio que para eso pagamos "basura"
-pero hay que ponerlo fácil.
¡No se trata de que venga el "esclavo negro" a hacer una tarea que es de todos...!



Y si en  una excursión nos encontramos una antigua olla "olvidada"...



pues la sumamos a la colección de "antigüedades".



Y si pasamos de reciclar y esas pamplinas, podemos buscar un rincón enrejado e inaccesible
-que haberlos, haylos-  para dejar allí nuestros despojos. 
Y cuando las superficies horizontales estén todas cubiertas...



pues continuamos rellenando las superficies verticales,
 hasta sentir plenamente como "la basura nos come".



-"¡Ah! Y no echemos mucha cuenta al televisor...!
 ¡Qué sólo hay porquerías!"







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