domingo, 7 de mayo de 2017

El Castillo de Fátima, todo un privilegio

Aquella tarde fue todo un privilegio adentrarnos por el camino, del mismo nombre
que el castillo al que fuimos invitados a ascender. Y decimos invitados pues al ser una
propiedad privada, se necesita  autorización... y llave.
El castillo estaba sobre una atalaya prominente dentro la finca de Fátima.



Mientras esperábamos para poder entrar por la privativa cancela, estuvimos admirando la maravilla que supone la visión de nuestra querida Sierra desde cerca de las faldas del Torero.



Allá, sobre la atalaya del castillo, perduran los restos
 de lo que antaño fue un importante enclave histórico.



Cientos de vuelos de los "pajarracos" que en sus cortados anidan, surcan
y han surcado, los cientos de años de historias de "moros y cristianos".



El resto de invitados llegó a la era de más abajo. Un selecto grupo de personas
que realizan salidas semanales a la sierra pero siempre "Llaneando en Vertical".



Al frente de ellos nuestro hermano Francisco que es el que había procurado la clave.
Delante se ofrecía imponente el privilegio de una ascensión añorada.



Pero antes una instantánea recuerdo del grupo para los anales.



Trazamos un camino bien marcado por una ilusión que flotaba en el ambiente...



hasta llegar al primer destino... 
¡La laguna de Fátima! 
Lógicamente con la escasa lluvia caída en Ubrique, estaba seca... ¡Una pena!



Era grato compartir asiento de tronco de lentisco centenario con alguna de las profes.
Y entre anecdóticos comentarios pronto estábamos...



a la zaga del impresionante farallón... 
¡Ya no tenía tantos vuelos...!
¡Ya no ofrecía tanta resistencia...!
Como buen castillo que se preciare...



también el nuestro tuvo en su época su ciudadela... ¡La afamada Cardela!
Nombres como Ponce de León, duque de Arcos, surgieron en las explicaciones...
¡Entre profesores andaba la cuestión...!



Y de la ancestral villa, al fortín bien ubicado, habitado desde los tiempos romanos.



Momento para otro privilegiado recuerdo grupal en la vetusta plaza de armas...



y a la fortaleza... "¡Allá vamos!"



¡Momentazos a las puertas del castillo...!



¡Seguidos de impresionantes panorámicas...!
-con Ubrique y su sierra, al fondo.



No faltaron "duelos" de disparos fotográficos entre derruídas almenas.



Ni momentos contemplativos.
El vuelo de la imaginación... ¡Imparable!



Y mientras algunos nos distraíamos con fotos de gratos e "históricos" recuerdos...



los más "impacientes" habían llegado al vestigio más destacable de la cumbre.
Estábamos a punto de comprobar el por qué aún seguía en pie.



Bastó subir un poco más para percatarnos de que no era sólo un muro "pelao"...
¡Algo encerraba...!



¡Era una oquedad que guardaba algo muy familiar...!



La imprescindible agua estuvo bien servida antaño.
Un "impluvio" en romano.
Una "aljibe" en árabe.
Una "cisterna" en cristiano...



¡Una maravilla, en resumen...!
Pero aún quedaba un nuevo reto de altura.



¡Alcanzar la torre de la parte sur...!
Una torre vigía a la cual llaman "La de la Ventanita"...



por razones obvias. 
Y aunque parezca una puerta al vacío con unas vistas extraordinarias,
el diminutivo que la nombra, hay que contrastarlo...



así que decidimos hacernos algunas junto a ella verificando sus reales dimensiones.
Era un privilegio volver a estos dominios de la historia tres décadas después.



Era un privilegio compartir la experiencia con entusiastas 
del patrimonio natural e histórico que nos rodeaba.



Pero era hora de reorganizar el grupo arriba en el "depósito" del bastión inexpugnable.



 A pesar del embeleso, con las impresionantes vistas al pantano de los Hurones, incluidas...



la tarde noche apremiaba el retorno. Había que descender de los dominios moros...



o cristianos, según fechas que por estar enclavado en territorio de la Frontera, 
unas veces sus almenas eran defendidas por los cristianos y otras,
por los moros, en ancestral y perdurable litigio.



Últimas poses de salida y fuimos desandando lo andado.



Y aunque nos pilló la noche bajando del castillo de Fátima,
eso no fue óbice para ir pensando que...



fue todo un privilegio poder participar con "Llaneando en Vertical", en aquella 
particular zambullida en la historia de este singular emplazamiento donde antaño se 
devaneaban entre reyertas y períodos de paz, los caballeros de la cruz y los de...



la media luna.

¡Aunque algunos grupos quieran seguir la contienda, la mayoría deseamos la paz!



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domingo, 22 de enero de 2017

La nevada del diecisiete

Ya hace dos años que cayó la gran nevada pero en aquella ocasión no llegó
a cubrir las expectativas de nuestra cota. Este año, el diecisiete, sí será recordado
como el cincuenta y cuatro o el ochenta y tres, en los que los níveos copos, 
arribaron a nuestro puerto.



Aquella mañana, los coches estaban llenos de nieve. Tuvimos
que tirar de la estrategia de la tarjeta de crédito para quitarla.
Y nuestra empresa, por un día, se llamaría "Nieves de Ubrique".
Y aunque pudiese parecer una temeridad, esa mañana...



andar con agua no era desagradable
-sale de las entrañas de nuestra
querida sierra a unos catorce grados
-como los buenos caldos.



Ubrique despertaba a una nueva rutina y 
en los rostros se iba dibujando la expresión de una blanca ilusión.
Aquella mañana fue de excursiones infantiles a la Era del Ubrique el Alto...
-¡A ver la nieve!
Esa nieve más propia de estampas navideñas...



se hizo presente cuando aún estaban sembrados los pascualos, a mediados de enero.
Esas plantas que tan ordinario maltrato por hurto, han sufrido en nuestras calles.



Fue curioso palpar la nieve sobre secos cardos veraniegos.



O verla depositada suavemente sobre los imperiales, de orden corintio, acantos.
Los mismos que pueblan el Rodezno y los alrededores del Nacimiento.



O en las pobres y confundidas chumberas que no sabían si lo blanco que tenían encima,
eran restos de la plaga de la cochinilla del carmín -por lo de "pasa la tuna".
El caso es que aquel enero del diecisiete, nos dejó estampas de película...



como la titulada "Cuento de Invierno" de Akiva Goldsman, del catorce...



o la admirada, "Palmeras en la Nieve",
de Fernando González Molina con Mario Casas, del quince.
Aquella jornada nos trasportó a películas tan famosas como...



"El Resplandor" de Stanley Kubrick, del ochenta
-de la que ya hiciéramos referencia en "Ocho de refranes", en este humilde blog.
La suerte hizo que nuestro propio quehacer diario...



nos llevara a la cumbre de los Olivares aquella mañana.
¡Todo un espectáculo para los sentidos...!
¡Sobre todo el sentido del frío...!



Y desde allí pudimos comprobar que ¡todo, todo! estaba nevado.



Desde las más altas cotas de nuestro término municipal 
-"término" que pudimos comprobar en la primera y gloriosa subida al pico del Gamón...



hasta la última estribación del sistema Penibético, el Berrueco,



¡Toda, toda! la sierra de Ubrique -paraíso natural- mostraba el gélido manto.



-¡Una estampa bellamente inusual!



No sólo había nieve en la sierra de Grazalema, al fondo, como puede ser habitual.
¡Todo, todo! de blanco nos confundía la vista con "el verde blanco". 
Y girando la vista panorámica...



nos dimos cuenta que sobre el Salto de la Mora "también les nevaba a los romanos";
que nuestro pueblo hermano de Benaocaz, estaba inmerso en su propia blancura...



y que los olivos parecían arces escandinavos.
Tal "fermosura" hacía tiritar hasta las musas de Ocurrris, las cuales acudieron para
 ayudarnos a perpetuar las sensaciones que estábamos viviendo con intensidad.



"¡Oh, aterida blancura!
¡Oh. ilusión pasajera!
¡Oh, helada cobertura!
¡Bienvenida seas...!
¡Mas no te quedes mucho
que esto no es Burgos!
¡Qué aquí en Ubrique no estamos acostumbrados!
¡Qué llevamos unos días de frío, bien aderezados!"
Y como era de esperar...



el manto blanco se fue disipando.



Ya quedaba relegada a las cumbres tornando sus tonos al blanco y negro.



Y tras la novedad de la nevada, apareció temblorosa...



la fría y melancólica niebla. Pero no importaba.
¡Habíamos vivido una vez más, con ilusión manifiesta, 
la experiencia atrayente de la nieve!



La verdad es que habíamos disfrutado como si fuesen "cosas de niños"...



con la gran nevada del diecisiete, en nuestro querido pueblo.
-¡Qué conste en los anales,,,!
Y por esta jornada, este humilde blog, cambió su nombre por el de...
¡Ubrique en blanco...!




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